DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Aún cuando la palabra SINDICATO en nuestros días es de uso común y repetida, no todos tienen bien definido, ni la finalidad, ni el espíritu, ni la esencia que anida en la creación y funcionamiento de un Sindicato.
Para los retrógrados, el Sindicato es una especie de cueva tenebrosa donde torvos asistentes planean métodos de persecución y hostigamiento de sectores empresarios, por lo tanto debe combatirse su accionar: / con leyes y decretos restrictivos de la libre actividad sindical o con “chicanas” patronales para atemorizar y desalentar la militancia sindical de sus trabajadores.
Para algunos sectores políticos o gubernamentales, los Sindicatos  deben “esterilizar” su acción encasillándolos en normas y vericuetos legales amañados que en definitiva los convierte en meros entes burocráticos dedicados a cualquier cosa, menos a la esencial actividad sindical. De esa manera supuestamente viven cuando en realidad solo subsisten, cubriendo una apariencia de “libertad” ante los foros internacionales y manejarlos como herramienta política partidaria.
Obviamente, nada de lo dicho conforma lo que realmente debe ser un Sindicato; y , ¿qué es un Sindicato entonces?, “Organización integrada  por personas de la misma profesión u oficio, para la defensa de sus intereses específicos”, dice cualquier diccionario para definir el significado de la palabra Sindicato. Aún  dentro de su escueta síntesis, esta definición expresa claramente el concepto de los fines sindicales.
La acción sindical será efectiva cuando cada trabajador comprenda  la imperiosa necesidad de afiliarse y no solo de afiliarse, sino también de tomar conciencia de su obligación y participar activamente en la vida orgánica de su entidad sindical, fortaleciéndola con su presencia y su aporte diario de militancia, defendiendo desde su lugar de trabajo las conquistas logradas, no tolerando mansamente el avasallamiento de las mismas, persuadidos  de que esto se consigue, no con la simple tarea de un cuerpo directivo y unos pocos militantes, sino con la masiva participación del conjunto.
No obstante lo dicho, la estructura social actual que pone en manos de unos pocos, la propiedad de la producción y la distribución de las riquezas, dificulta la liberación definitiva del trabajador, que solo se obtendrá mediante una organización que anule las humillantes diferencias de clases y determine como única prioridad la mejor calidad de vida para sus habitantes.
La base indiscutible de una sociedad mas justa, es la equitativa  distribución de las  riquezas recibiendo al menos, el fruto de sus esfuerzos y esto en nuestro país, solo se lograra cuando los trabajadores nos decidamos a ejercer el derecho que nos otorga él articulo 14 bis de la Constitución Nacional.
Mientras esto no ocurra, corremos el grave riesgo de diluirnos dentro de un sistema que nos agobia y nos somete día a día a un régimen  que ataca los más elementales derechos humanos.  
Por todo ello los Empleados de Comercio de Olavarría, como declaración de principios decimos:
Que esta Institución seguirá luchando en pos de las causas que dieron origen a su fundación y bregará por la unificación monolítica de  los Empleados de Comercio a través de la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (F.A.E.C.y.S.)  y los trabajadores argentinos en una única y poderosa Confederación General del Trabajo, que represente e interprete cabalmente las necesidades de sus representados.
Solo así lograremos la definitiva emancipación de los hombres que viven de su trabajo personal y habremos cumplido con los verdaderos objetivos, para la que fueron creadas nuestras queridas instituciones sindicales.
Quien así no lo haga estará actuando en complicidad con los explotadores insensibles que aun no han comprendido la obligación social de  respetar los derechos de los trabajadores, escamoteando a un importante sector de la sociedad, legitimo derechos que la dignidad de seres humanos exige.-